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Cuando el niño era niño...

Tuesday October 11, 2005

Angela Merkel: la tímida hija de un pastor protestante


Angela Merkel va a coronarse como la primera mujer canciller de Alemania. La describen como una académica reservada, fría, que no tiene carisma, que no es elocuente, e incluso se han mofado de su apariencia. Sin embargo, Merkel ha tenido un buen entrenamiento desde niña para conseguir sus objetivos sin hacerse notar. Nació el 17 de julio de 1954 en Hamburg, pero cuando tenía tres semanas de vida la familia se trasladó a la Alemania del Este. Primero a Quitzow, un pueblo de 300 habitantes, y, tres años después, a Templin.

En ese estado ateo, nadie miraba con los mismos ojos a la hija de un párroco que a los «hijos de los trabajadores». Por ello, Herlind, su madre —una profesora de inglés y latín que no pudo ejercer porque al ser esposa de un pastor no tenía derecho a trabajar en el sistema de enseñanza público— le repetía hasta la saciedad a su hija una serie de consejos: el primero era que pasara inadvertida, que fuese poco llamativa, que nunca «perdiera los papeles». El segundo, que se guardara sus opiniones para ella. Y el tercero, que tenía que ser mejor que los demás porque, de lo contrario, no podría estudiar en la "ciudad de los obreros". Y eso fue lo que Angela hizo.

En una reciente biografía de Angela escrita por Gerd Langguth, catedrático de Economía Política en la Universidad de Bonn, muchos de los entrevistados la recuerdan como una chica tímida. Un antiguo profesor dijo que era una «alumna ideal» que sacó notas excelentes en casi todas las asignaturas (menos en deporte). También cuentan que no era la típica empollona  y que solía dejar los apuntes a sus compañeros. La propia Angela Merkel recuerda que todo en su infancia era una lucha, «una batalla para no llamar la atención y una batalla para ser un poco mejor que los demás».  

Angela estudió físicas en la Universidad de Leipzig porque las ciencias estaban menos controladas por el régimen que las Humanidades. Y se casó dos veces, la primera con Ulrich Merkel, un colega físico de su misma Universidad, del que conserva su actual apellido (no se sabe por qué motivo). Y la segunda, con Joachim Sauer, catedrático de Química Cuántica en la Humboldt-Universität de Berlín. No tiene hijos.

Jana Hensel, autora del libro After the Wall: Confessions From an East German Childhood and the Life That Came Next, se preguntaba en el New York Times, si esta demócrata cristiana será capaz de unir una Alemania que, aunque está reunificada, todavía está dividida en la mente de sus habitantes y en la economía. También se cuestiona qué beneficios puede reportar esta física de 51 años sin hijos a las mujeres alemanas que todavía anteponen los hijos a la carrera profesional, un tema que nada tienen que ver con su propia vida.

Sin embargo, su viaje desde la casa de un pastor protestante en la Alemania comunista hasta la cumbre política alemana como jefa de un partido cristiano y predominantemente masculino ha dejado a todos en ascuas. Los analistas políticos están esperando ver qué más es capaz de hacer esta mujer. 

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Para los niños, para los que tienen la suerte de convivir con alguno de ellos y para los que todavía guardan uno dentro de su viejo cuerpo.

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