KINDSEIN
Cuando el niño era niño...

Wednesday September 21, 2005

El poder de los tacos

Los niños saben mejor que nadie que las palabrotas pueden levantar ampollas entre los adultos, por eso son capaces de memorizar todas las que oyen mucho antes de saber lo que significan. El New York Times de ayer publicaba un estupendo artículo —titulado Almost Before We Spoke, We Swore— sobre los estudios que hay en marcha en torno a las palabras prohibidas, que son universales. Existen en todas las lenguas investigadas, vivas o muertas, y tanto si son habladas por muchas personas como si están restringidas a una pequeña tribu.

Algunos científicos están tan impresionados por el poder de los tacos que los están usando para indagar en la arquitectura del cerebro. Dicen que quien los usa raramente los suelta de forma aleatoria e incontrolada sino que ajusta el contenido de su exabrupto al motivo de su ira. Hay también grupos de investigación que analizan la fisiología del improperio: observan cómo reaccionan nuestros reflejos y sentidos al escuchar estas palabras tabú. Colocan cables electrodérmicos en brazos y dedos de voluntarios y les lanzan grupos de palabras, mezcladas con palabras obscenas. Y han comprobado cómo éstos experimentan claros signos de excitación cuando oyen las malsonantes: vello erizado, pulso acelerado, ...

En la Universidad de Monash de Melbourne, Australia, la doctora Kate Burridge ha encontrado, además, que los estudiantes universitarios y las personas con estudios reaccionan con la misma excitación cuando escuchan algo expresado con mala gramática o que forma parte del slang callejero. Dice que lo consideran «irritante, analfabeto o de poca clase». «La gente puede ser muy pasional sobre la lengua», dice esta investigadora, «como si fuese un artefacto que mantienen y que debe protegerse a toda costa de la perversión de los bárbaros y de los léxicos extranjeros».

Burridge está apunto de publicar el libro Forbidden Words: Taboo and the Censoring of Language, junto a su colega Keith Allan, en la  Cambridge University Press.

Otros investigadores han relacionado el tipo de tacos más usados con el tipo de sociedad en la que se utilizan. Por ejemplo, en lugares muy religiosos, las palabras más prohibidas suelen estar relacionadas con Dios. Y donde la castidad de la mujer se considera muy importante, suelen tener que ver con los órganos genitales femeninos o con su uso para fines comerciales.

Pero uno de los estudios más interestantes implica a los pacientes con el Síndrome de Tourette que sufren coprolalia (una necesidad incontrolable de soltar tacos e improperios sin ninguna razón aparente). Sólo entre el 8 y el 30% de los enfermos con este síndrome lo padecen, y es la condición más humillante y vejatoria para ellos.

El doctor David Allan Silversweig, director de Neuropsiquiatría y Neuroimagen del Weill Medical College de la Universidad de Cornell, utilizó el PET (escáner de tomografía por emisión de positrones) para medir el flujo cerebral de sangre y poder identificar así qué regiones del cerebro participan durante los episodios de tics y coprolalia en estos pacientes. Encontró que la necesidad de soltar palabras malsonantes esconde vías neuronales más complicadas de lo que pueda parecer. Y ocurre igualmente en estos pacientes como en el resto de la población. El sístema límbico —núcleo más primitivo de las emociones, como el miedo, la ira, el deseo— y la corteza cerebral —la más evolucionada, la que evalúa los impulsos primitivos— se activan cada vez que aparece ese deseo de soltar inconveniencias, tratando uno de frenar al otro. Y no siempre gana la parte más evolucionada.

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Para los niños, para los que tienen la suerte de convivir con alguno de ellos y para los que todavía guardan uno dentro de su viejo cuerpo.

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