KINDSEIN
Cuando el niño era niño...

Friday July 07, 2006

El sueño



Hace unos años soñé con una playa como la de arriba, vacía y de arena blanca. La historia transcurría en tres escenas que eran tres épocas de mi vida: la infancia, la adolescencia y la madurez.

Infancia. Era por la mañana. Había un grupo de niños jugando con un paracaidista de juguete. Lo lanzaban al aire una y otra vez, y no lograban que el paracaidas se abriera. Yo sabía hacerlo, lo había hecho cientos de veces, pero  me daba vergüenza acercarme a ellos. No les conocía y yo era muy tímida. Decidí meterme en el agua. Y, una vez dentro, me sentí como si estuviese en brazos de mi mamá, tranquila, protegida, segura. Pero parece ser que me estaba ahogando, porque, cuando volví en mí, estaba rodeada por los niños de la playa que me gritaban asustados porque creían que me había ahogado.

Adolescencia. Era medio día. Yo quería nadar, pero el agua estaba llena de gente y no podía avanzar entre ellos. Todos eran adultos, menos yo. Y ninguno de ellos iba vestido apropiadamente para estar dentro del agua, o sea, con bañador, como yo, sino que iban con su atuendo diario: había mecánicos con mono azul, hombres de negocios con traje y maletín, .... Todos estaban de pie, representando su papel, sermoneando, la mayoría de ellos. De repente, empezaron a marcharse del agua. La playa se había convertido en un enorme muro de cemento gris con una empinada y estrecha escalera metálica por la que iban subiendo, uno tras otro. Había un niño entre ellos, y se oyó a alguien decir «Que se calle ese niño».

Madurez. Estaba anocheciendo. Yo estaba con alguien —parecía una amiga— y nos encontramos, tirado sobre la arena, al paracaidista de juguete. Pero era de tamaño real, de carne y hueso. Yo estaba profundamente enamorada de él, aunque mi vida real no parecía tener nada que ver con aquel paracaidista. De hecho, estaba casada con alguien. Yo trataba de lanzarle una y otra vez hacia arriba. Era un deber para mi hacer que cayera como es debido, con el paracaidas abierto, suavemente. Pero no podía, era demasiado pesado para mi, y se desplomaba una y otra vez contra el suelo...
Permalink

Comments:

Post a Comment:

Comments are closed for this entry.

Para los niños, para los que tienen la suerte de convivir con alguno de ellos y para los que todavía guardan uno dentro de su viejo cuerpo.

Publicidad
Niños
Referencias
Archives