KINDSEIN
Cuando el niño era niño...

Tuesday April 26, 2005

«Entre copas» y los maestros sin vocación



Entre Copas es una fantástica película que trata sobre personas normales. Es fácil identificarse con alguna de ellas si uno ha pasado de los 30 y se para a pensar en lo fugaz que es la vida y en lo inalcanzables que son los sueños de la adolescencia. Es lo que le pasa a Miles (el fantástico Paul Giamatti), que ronda los 40, está estancado tras su divorcio y frustrado porque las editoriales le rechazan su libro una y otra vez. En la película, la infancia destaca por su invisibilidad, como en la vida real. Aparece una sola niña, hija de una madre soltera que piensa en casi todo menos en ella; y un profesor —el propio Miles— que acabó siendo maestro porque no pudo dedicarse a hacer lo que le gusta: escribir.

El tristón Miles y su mujeriego amigo Jack emprenden un viaje por los viñedos del norte de California para degustar los mejores caldos y disfrutar juntos de los últimos días de soltería de Jack. Pero entre copa y copa salen todos los fantasmas. En una de las bodegas, Miles recibe la anhelada llamada de la editorial: han vuelto a rechazarle el libro. Entonces se sienta derrotado (escena de la foto de arriba), contempla su vida con decepción y dice: «Tendré que seguir siendo maestro», como si fuese lo peor que puede pasarle.

Hoy, en el diario gratuito 20 minutos hay un artículo titulado La docencia, otra salida profesional. El título suena a lo mismo: "Otra salida profesional, por si no puedes dedicarte a lo que más te gusta". Dice que los maestros se quejan de que su profesión es una de las menos reconocidas por la sociedad. ¿Por qué será, por la sociedad en sí, o por ellos mismos? En mi caso, he conocido a más profesores como Miles, sin vocación, que de los otros. Y, en la facultad, casi todos mis compañeros hicieron el CAP (Curso de Aptitud Pedagógica), por si la enseñanza era la única salida profesional a la que podían optar en el futuro.

Aurora Campuzano, portavoz del Colegio de Doctores y Licenciados de Madrid, dijo al 20 minutos: «La docencia es una profesión de alta responsabilidad social y enorme repercusión; el docente debe ser consciente de que, ante sí, tiene personas que están creciendo». Y añadió que, además de un amplio bagaje cultural, quien quiera impartir clases necesita bastante fuerza psicológica. Le faltó decir: "y humildad", como dijo Fernando Savater.

La mejor metáfora de la película es que "algunos vinos no están en su mejor momento hasta que no tienen cuatro décadas". Miles tiene guardada una vieja botella de Bordeaux que está en su mejor momento, pero está esperando una gran ocasión para abrirla. La abre casi al final de la película —cuando menos se lo espera el espectador— y su vida empieza a cambiar.

Es sorprendente que, como Miles, tengamos tanto miedo a ser como queremos ser. También es sorprendente que nos dé igual dejar a nuestros  hijos con personas que quizás no quieran estar con ellos sino escribiendo novelas de éxito. Y, lo más increíble es que no nos importe hipotecarnos hasta los 65 años por una vivienda, en la mayoría de casos miserable, pero, sin embargo, miremos con lupa lo que cuesta una buena educación.

Permalink Comments [1]

Comments:

tienes toda la razón, no entiendo como la mayoría de las familias le da tan poca importancia a la educación de sus hijos, y no sólo no se preocupan de quién los está educando, sino que además les delegan toda la responsbilidad.

Posted by sheila on April 30, 2005 at 12:04 PM CEST #

Post a Comment:

Comments are closed for this entry.

Para los niños, para los que tienen la suerte de convivir con alguno de ellos y para los que todavía guardan uno dentro de su viejo cuerpo.

Publicidad
Niños
Referencias
Archives