KINDSEIN
Cuando el niño era niño...

Thursday March 24, 2005

Terrenos minados, niños mutilados

 

La recién estrenada Las tortugas también vuelan está protagonizada por niños kurdo-iraquíes que no son actores y que vivían realmente en un escenario como el que muestra la película durante la invasión de Irak por los Estados Unidos. Son cientos de niños, muchos de ellos huérfanos y mutilados, que malvivieron en tiendas de campaña en la frontera entre Irán y Turquía sin saber nada sobre la guerra que se avecinaba y recogiendo bombas antipersona para vendérselas a la ONU.

Sin embargo, a pesar de la terrible dureza que palpita debajo de cada personaje y de todo el pueblo, el director y guionista kurdo Bahman Ghobadi ha sido capaz de contarlo de una forma bella. Hay muchos toques de humor en el día a día de ese pequeño pueblo, obsesionado por instalar una parabólica para poder enterarse de los planes del señor Bush. Es un poco de azúcar para pasar esta amarga historia.

El pequeño Soran (foto central), de trece años, al que todos llaman Satélite, es el que monta las antenas y traduce las noticias a su manera. Es un líder para los pequeños. También hay dos hermanos que llegan de un pueblo vecino: un niño sin brazos que tiene premoniciones y una niña de rostro triste (foto derecha) que lleva siempre colgado de su espalda a un niño ciego de tres años. Casi al final de la película se desvela cuál es la relación entre la muchacha y el pequeño. Ella protagoniza la parte más cruda del film, y su lento caminar con el niño siempre a cuestas explica el título.

Ghobadi visitó Bagdad dos semanas después de que Estados Unidos invadieran Irak y al encontrar la situación de los habitantes de la capital, especialmente los niños, pensó en hacer esta película:

«Vi muchas atrocidades en la vida de la gente, y especialmente en la de los niños, que siempre son las primeras víctimas y de los que nadie se ocupaba. Yo quería hacer una película contra la guerra. De regreso a Irán, al revisar el material que había grabado, decidí volver y hacer una película en la que apareciera todo lo que me había alterado: terrenos minados, niños mutilados, gente perdida, la inseguridad... Entonces volví y me fui a vivir con los niños para sentirme más cerca de ellos.»

El resultado es Las tortugas también vuelan, una película que ganó el principal premio del pasado Festival de San Sebastián, la Concha de Oro.

Nota feliz, de la entrevista a Ghobadi:

«Lo mínimo que podía hacer era ayudar de alguna manera, lo mínimo era llevar conmigo a Irán a ese chico de tres años que no veía, y allí le operaron. Ha recuperado la visión, ahora es bizco pero con otra operación que hagamos en Irán va a recuperar totalmente su visión y dejará de parpadear el ojo. Y una cosa por la que estoy muy contento, es que la primera vez que se proyectó la película en Irán este chico ya podía ver, y vio su película.

Satélite, el "antenista" de la película, ha decidido entrar al mundo del cine. Yo le estoy ayudando, le estoy facilitando libros, le estoy enseñando y creo que va a ser un gran cineasta. La chica, que se llama Agri, con mi ayuda ha encontrado trabajo en la televisión local de Kurdistán, mientras ella quiera estará en la televisión kurda trabajando como locutora, como periodista.

El gobierno provisional del Kurdistán ha prometido ayudar económicamente al chico manco y al que había perdido la pierna, con la condición que salgan de las calles y que se pongan a estudiar; y va ha sufragar todos los gastos y la curación de estos chicos. Y al chico que había perdido el brazo le queda un mes para que lo envíen a Alemania para construirle una prótesis para recuperar el movimiento de su mano y vivir de una forma normal.»

Un periodista le dijo que los personajes no hablan como niños. Esta fue la respuesta de Ghobadi:

«Quizás no sea aceptable para una persona occidental, pero para un kurdo sí. La historia es la siguiente: tu vives en un país occidental, vives en Madrid, más o menos tienes todas las comodidades, ellos son kurdos, viven en el Kurdistán, su deseo es tener una sala como esta que tú tienes a miles.

Yo perdí a mi padre a los quince años y tuve que trabajar para ocho personas más. No es sólo mi historia, es propia de muchos kurdos. Estoy convencido de que nosotros los kurdos cuando nacemos no tenemos infancia, de cero días de edad pasamos a veinte años. Nos han quitado y arrebatado la infancia. Nos tenemos que hacer mayores por la fuerza. Estos niños son gente madura, son gente mayor en cuerpos infantiles y adolescentes. Sus conversaciones son de adolescentes que por fuerza se tienen que hacer mayores. A pesar de sus problemas y de sus deficiencias físicas y sociales ver su sonrisa me ayudó muchísimo.

Irak es un país muy rico, tiene muchas más riquezas naturales que España y otros países ¿Por qué durante cuatro décadas ponen a un tirano a presidir Irak, como líder de un país, un país muy rico? Y esta riqueza que es de cada uno de estos niños, se las arrebatan, se las llevan a occidente, a los países de Europa, a Estados Unidos. Saben que la empresa mas rentable del mundo es la empresa de armamento, que es convertir chatarra en elementos que puedan destruir y dominar pueblos. Están vendiéndonos elementos que son dañinos para dominarnos y para robarnos. Mandan armamento, mandan minas antipersonales, les quitan el brazo, les quitan la pierna, les quitan el ojo, les quitan la infancia, ¿Cómo no va a hablar un adolescente como un adulto?»


En homenaje del pueblo kurdo.

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Para los niños, para los que tienen la suerte de convivir con alguno de ellos y para los que todavía guardan uno dentro de su viejo cuerpo.

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