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Cuando el niño era niño...

Tuesday April 19, 2005

¿Problemas con tu pareja?

Muchas parejas en crisis acuden a terapia matrimonial para intentar salvar su relación, pero, según una investigación que publica hoy The New York Times, de poco sirve. Dos años después de acabar la terapia, el 25% de las parejas está peor que al principio, y cuatro años después, el 38% se ha divorciado. Según los investigadores que han analizado la eficacia de los distintos tratamientos, muchos de los métodos que se usan —como enseñar a la pareja a comunicarse mejor y a escuchar más— aportan algo de ayuda para un año, pero son insuficientes para zanjar los problemas, que vuelven a surgir de forma inevitable con el tiempo.  También auntan estos expertos que muchos terapeutas no tiene capacidad para trabajar con parejas que tienen serios problemas. Son incapaces de hacerles llegar a la raíz del conflicto y buscar una solución. En lugar de eso, se dedican a hacer que el matrimonio hable por turnos semana tras semana, sin poder adivinar cuándo acabará el tratamiento, o les dicen que no hay nada que hacer y les empujan hacia el divorcio.

Normalmente, este tipo de terapia se lleva a cabo por psicólogos, psiquiatras y trabajadores sociales, y por terapeutas matrimoniales y familiares. Consiste en una serie de técnicas de psicoterapia que pretenden ayudar a las parejas a comprender y superar los problemas de su relación.

En los últimos años, se han hecho muchos esfuerzos para encontrar la forma de salvar matrimonios y han aumentado las relaciones duraderas. Hay un experimento llamado terapia integradora de comportamiento para parejas con la que el 67% de los matrimonios mejoran en dos años, según un estudio que publicaba en noviembre la Asociacion para el Avance de la Terapia de Comportamiento. En lugar de enseñar a las parejas a evitar o solucionar las peleas, como hacen las terapias tradicionales, la terapia integradora pretende lograr que las discursiones sean menos dañinas, ayudando a las personas a aceptar sus diferencias. Esta estrategia se basa en un reciente hallazgo: no se trata de ver si las parejas se pelean sino de ver cómo lo hacen y si esas discursiones pueden destruir la relación.

Educación matrimonial

Ya hay muchos terapeutas matrimoniales decepcionados con cualquiera de estos métodos. Ahora dicen que es mucho mejor que la pareja acuda a un programa de educación matrimonial a estar aireando sus problemas. Porque, al fin y al cabo, estas terapias suelen consistir en que uno le diga al otro por qué está arruinando su vida y son duras sesiones de dolor y lágrimas.

Pero estos programas tampoco son la panacea. Según el Dr. John Gottman, profesor emérito de psicología de la Universidad de Washington y director del Instituto para la Investigación de la Relación en Seattle, estos talleres resultaron insuficientes para muchas parejas (20-30%) de su investigación con problemas serios, como infidelidad o depresión, que sólo podían abordarse con la terapia clásica.

Gottman lleva más de dos décadas grabando en vídeo a parejas felices e infelices, y analiza su comportamiento. Ha llegado a la conclusión de que todas ellas pelean y de que las peleas casi nunca se resuelven. Y la diferencia fundamental entre las parejas felices y las infelices es la forma en que discuten: las parejas felices mantienen discursiones con interacciones positivas, aunque sólo se trate de una sonrisa o un toque de humor. Las infelices tienen argumentos corrosivos, con críticas, gestos y palabras negativas y posturas a la defensiva. Hasta la más feliz de las parejas puede sentirse asqueada alguna vez, pero el doctor Gottman ha encontrado que si el ratio de intercambios positivo a negativo es, por lo menos, de cinco a uno, la relación se salva. Cuando baja de esa posición, este experto predice con un 94% de certeza que la pareja se acabará divorciando.

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El artículo en el New York Times de hoy se titula: Married With Problems? Therapy May Not Help, de Susan Gilbert.


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La formación de una pareja, de cualquier tipo de pareja, es un proceso natural donde intervienen una serie de factores: atracción física, sintonía de ideales, emotividad, fantasías... Cuando todo eso empieza a hacer aguas, de poco o nada sirve intentar poner parches, puntales o enzarzarse en dimes y diretes ante un psicoterapeuta. El amor está vivo y, como todo ser vivo, nace, crece (más o menos,como cualquier ser vivo) y,finalmente, muere. Y el no aceptar que ha llegado el momento de que cada uno ha de volver a seguir su camino, es tanto como no aceptar la muerte de un ser querido. La labor del psicoterapeuta debería, a mi modo de ver, centrarse en encontrar los motivos por los cuales cada uno de los integrantes de la pareja no se ve con fuerzas suficientes para separarse. Seguramente, en este análisis individual, saldrían a relucir problemas personales no resueltos, que nada tienen que ver con su pareja, pero que, posiblemente, han contribuido al deterioro de sus relaciones de pareja y al desencanto total de su pareja. Solucionar estos problemas personales sí podría evitar que se repitieran los mismos esquemas en otras posibles relaciones, podría evitar que se cometieran de nuevo,con otras personas, los mismos errores que envenenaron mortalmente la relación con tu anterior pareja.

Posted by Atila on May 21, 2005 at 06:33 PM CEST #

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Para los niños, para los que tienen la suerte de convivir con alguno de ellos y para los que todavía guardan uno dentro de su viejo cuerpo.

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