Ana está en Preescolar. Tiene tres años. Cuando empezó el
curso, nos reunieron a todos los padres para contarnos algo que parecía muy
importante. La maestra y la coordinadora de Infantil
hablaron con un deje de superioridad para hacernos saber cómo iban a
mejorar a nuestros niños. «Vamos a enseñarles a ser mayores, a crecer»,
decía la coordinadora. Repartieron
muchas fotocopias. Una de ellas era un horario incomprensible. Los lunes
habría una clase de música. Los miércoles, una hora de “gimnasia”. Los viernes, una hora con
ordenadores. Pero el esto del tiempo estaba poco claro: “caja
sorpresa”, “rincones dirigidos”, “taller de matemáticas”,…
Ahora, a medio curso, ya he descifrado su significado: “Haremos lo que nos de la gana”. Los lunes rara vez hay música, y,
cuando hay, suele consistir en algo como pintar la fotocopia de un
tambor. Y los viernes, casi siempre está estropeado “el” ordenador (porque sólo les dejan tocar uno y en grupo) o
hay algún motivo peregrino que impide hacer la clase. «Hoy tampoco
hemos ido al ordenador», me repite Ana cada viernes, decepcionada.
«¿Qué habéis hecho entonces?», le pregunto. «Plastilina». Siempre
plastilina.
Desde que se ha incorporado a los niños de 3 a 6 años a la escuela
parece que se ha adoptado para ellos lo peor de las antiguas guarderías y lo peor del
colegio:
A los más pequeñitos se les trata como si fueran mayores para los
asuntos más delicados. Para ir al lavabo, abrir una botella de zumo o
ponerse una chaqueta, cada uno tiene que apañarse como pueda. Sin
embargo, se les trata como a bebés para todo lo demás.
La escuela no es capaz de cumplir con sus pobres objetivos y no se dan
explicaciones a nadie. Además, hay tantos niños por profesora que ésta
no se puede permitir el lujo de escuchar lo que cada uno tenga que
decir o de seguir el ritmo que cada niño requiera. Por otro lado, se
excluye tan radicalmente de la vida escolar a los padres que hay que
hacer tareas de espionaje para enterarse de cómo pasa el tiempo tu
pequeña.
Esta mañana me he acercado al padre de una compañera de Ana, (el que me ofrece más respeto y confianza):
«¿Estás contento con el colegio?», le he preguntado.
Para mi asombro, encogió los hombros y dijo:
«De momento, pues sí. Si fuera mayor y la educación fuese importante,
quizás no. Pero ahora, lo importante es que se lo pasa muy bien con sus
compañeros. Y, después, ya veremos.»
Me quedé pensando: «¿Como que “si fuese mayor y la educación fuera importante”? ¡Esta es la etapa más importante!»
Al duendecillo le esta costando mucho adaptarse. Es muy revelde y en esta escuela masificada no saben que hacer con el.
Por otro lado todo se basa en lo que a el se le da peor: pintar, plastilina, y todo tipo de trabajos manuales para los que es bastante torpe. Una de las cosas que estoy seguro que le fastidia es hacerlo siempre peor. pero cuando se trata de hablar que es lo que se le da bien tiene que compartir el tiempo con otros 24.
24!!
Creo que en la clase de Ana no llegan al lÃmite de alumnos, pero tienen otro problema: el 85% son ingleses. Ese tema da para otro post.
Creo que ha llegado la hora de animarse a montar una Escuela Infantil.
Es una lástima que los padres piensen que infantil no es importante, pero ellos no tienen la culpa, ¿si consellerÃa no le da importancia a esta etapa cómo podemos esperar que se la den los padres?
Si nos fijamos en los informativos, constantemente se denuncia el bajo nivel que tienen los adolescentes en algunas áreas, pero nunca hablan de infantil, ni siquiera de primaria, sólo les preocupa “el examen” (reválida, selectivo, como quieran llamarlo) a partir de esa prueba programan el bachillerato, es función de éste la educación secundaria… es decir, que vamos para atrás como los cangrejos y la etapa de 0-6 años está tan lejos de ese examen que nos olvidamos de ella y de su importancia.
Por si alguien quiere empezar a interesarse sobre esta etapa, puedo decirle que si mira las primeras páginas de algún manual de psicologÃa infantil seguramente encontrará un texto muy interesante en el que dice que el cerebro es moldeado por la experiencia. Esta plasticidad o moldeamiento del cerebro se realiza en el curso de la vida, cuando las células nerviosas realizan conexiones entre ellas y cambian en tamaño y forma para responder a los estÃmulos del ambiente, haciendo posible el crecimiento de todas las áreas del desarrollo.
Por ello es muy importante la estimulación temprana, es decir, la educación infantil, ya que, las neuronas que no se interconexionan, se desconectan para siempre, es decir, que si no estimulamos todas las capacidades de un niño en sus primeras edades, es posible que después sea tarde. Pese a que los estudios no se han puesto en común en la edad a la que sucede este proceso, se sabe que es en la infancia.