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China: 80 millones de hijos únicos
Los "Pequeños Emperadores"
Paula Sayavera
Ayer fue el año nuevo chino, comienza el Año del Perro. Casi 100 millones de hijos únicos celebraron el gran acontecimiento siendo el centro de atención de su pequeña familia, dos padres y cuatro abuelos, volcados en su cuidado, sus caprichos y su futuro. Por eso se les llama «Pequeños Emperadores» (Xiao Huangdi).
Desde 1979, el gobierno chino impone a sus ciudadanos la obligación de tener sólo un niño (o dos, en algunos casos), como medida para reducir el crecimiento de la población. Es un experimento social masivo que ahora tiene en vilo a los políticos y psicólogos chinos. ¿Cuál será el futuro de la China socialista —un país donde se supone que la satisfacción personal se consigue sirviendo a la comunidad y no a uno mismo— cuando su población esté formada casi exclusivamente por niños mimados?
El temor hacia una sociedad de hijos únicos
Los hijos únicos nunca han tenido buena fama. Se les ha tachado de
egocéntricos que nunca aprenden a compartir, que tienen sentimientos de
superioridad y que son incapaces de establecer relaciones estrechas con
otras personas.
Ayudaron a forjar esta opinión psicólogos como G. Stanley Hall
(1844-1924), llamado "Padre de la Psicología Moderna", que afirmó que
«ser hijo único es una enfermedad en sí misma» y que era una
«experiencia dañina». O como el psicólogo Alfred Adler (1870-1937), que
dijo que «el hijo único tiene dificultades con cada actividad
independiente y, tarde o temprano, se convierte en un inútil en la
vida».
Múltiples estudios han demostrado que son iguales que los que tienen
hermanos, pero la sabiduría popular sigue convencida de lo contrario. Y
lo mismo les pasa a algunos psicólogos chinos seguidores de las teorías
de Hall.
Tres investigadores del Instituto de Psicología de la Academia de Ciencias China —Shulan Jiao, Guiping Ji y Qicheng Jing— emprendieron un estudio para averiguar si los "Pequeños Emperadores" podrían o no en peligro el Estado socialista. Pekín fue el lugar elegido, ya que el 70% de las parejas tienen sólo un niño.
Seleccionaron 180 hijos únicos y 180 niños con hermanos, de entre 9 y 10 años. Hicieron parejas de niños del mismo sexo, misma edad, con padres con el mismo nivel socioeconómico y que vivían con una familia de estructura similar (es decir, si vivían con o sin los abuelos, con o sin otros miembros de la familia).
Pidieron a los niños que opinaran sobre sus compañeros de clase. De uno en uno, entraban en una sala donde había fotos de todos ellos y se les preguntaba cosas como «Cuando juegas a algún juego, ¿quién suele ser el líder y tiene más ideas?, y el niño o niña señalaba la foto de algún compañero.
Los resultados confirmaron las peores sospechas. Los hijos únicos recibieron las peores puntuaciones. Aparecieron como los más egoístas, los que que menos colaboraban con el equipo y los que tenían menos tolerancia a la frustración.

En otro estudio paralelo, en el que participaron científicos americanos, entre ellos la expertan en hijos únicos Toni Falbo (en la foto), se pidió la opinión de los profesores. El resultado fue el contrario. De un grupo de más de 800 estudiantes de entre 8 y 9 años, los mejor considerados por los profesores eran los hijos únicos.
Los describieron como más tratables, más gentiles, obedientes, tímidos, que respetaban más a los mayores que los que tenían hermanos; que se preocupaban por los sentimientos de los demás. También los consideraban superiores a los niños con hermanos en los trabajos de la escuela, conseguían mejores notas y se desenvolvían mejor en el idioma.
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